La frase se ubica en la apertura de "El Mundo Amazónico", el capítulo 3 de su libro Las Guerras del Agua, publicado por la editorial Capital Intelectual en 2009.
Lo que podría parecer una aseveración exagerada, no sólo queda explicado abundantemente en las páginas de su libro, que forman parte de informes anteriores de "Agua que no has de beber".
Pero se suma, en forma más que reciente, el dato de la "creación" de dos nuevos países en el Caribe, los que si bien dejan de ser colonias holandesas, pasan a ubicarse dentro de la Unión Europea, aún estando enclavados en pleno continente americano.
Bruzzone no sólo repasa en sus páginas el interés histórico de Estados Unidos por las riquezas naturales y las reservas de agua de la región del Amazonas, sino que da cuenta, también, del interés que otras potencias europeas tienen, y que llevó (y lleva) a muchas de ellas a volver la mirada hacia sus ex colonias americanas.
¿Por qué el interés?
La superficie del Amazonas es de unos 8 millones de kilómetros cuadrados, compartidos por Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Guyana, Surinam, Guayana Francesa y Brasil, que la contiene y donde forma el 56 por ciento de su superficie territorial total.
Bruzzone desgrana algunos datos de interés sobre la biodiversidad y los recursos naturales que enriquecen a la Amazonia, al plantear que "la región posee un quinto del agua dulce del planeta, el mayor banco genético del mundo en biodiversidad (un kilómetro cuadrado de la Amazonia contiene mayor número de especies vegetales que los territorios de Estados Unidos y Canadá juntos), un tercio de las florestas y de las reservas mundiales de bosques, grandes recursos ictícolas con sus ríos, lagos y lagunas, una riquísima fauna terrestre, yacimientos de oro, hierro, bauxita, estaño, cobre, zinc, manganeso".
Y sigue: "el 95 por ciento de las reservas de niobio del mundo que se encuentran en el alto Río negro y que se utiliza para los aceros de las naves espaciales y de los misiles intercontinentales", también están en la Amazonia, de la misma manera que "el 96 por ciento de las reservas de titanio y tungsteno, también utilizados en la industria aeronáutica espacial y militar, así como reservas de petróleo, gas, y otros recursos".
Un verdadero "almacén de ramos generales" de recursos estratégicos, podría decirse.
El agua más importante
Dentro de la Amazonia se ubica el Acuífero Guaraní, hasta el descubrimiento de otro en el norte amazónico, entre los oficialmente descubiertos, el cuarto en importancia del mundo.
Sin embargo, la relevancia del Guaraní no está dada únicamente por sus dimensiones, sino porque es el primero en el mundo en capacidad de recarga.
Y la recarga es algo central, dado que hay acuíferos como los que se ubican debajo del desierto del Sahara, en el norte de África, que aún con sus enormes dimensiones, no pueden recargarse una vez que se hayan vaciado.
A eso habría que sumar que, aunque no se han confirmado los datos, sería posible que el Acuífero Guaraní se extendiera, o estuviera ligado a otro gran reservorio por debajo de la región de la Patagonia argentina, y lo mismo con el acuífero del que nos ocuparemos en la próxima entrega, hallado en el norte de la Amazonia.
De confirmarse datos que aventuran algunos investigadores, podría ser posible que casi bajo todo el subsuelo sudamericano existiera una gigantesca reserva de agua dulce, lo cual pone aún en mayor riesgo a la región.
Hasta donde se sabe y se reconoce oficialmente, el Acuífero Guaraní se extiende "por las cuencas de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay", dice Bruzzone. Y sigue: "Tiene una superficie aproximada hasta la fecha de 1.194.000 kilómetros cuadrados, de los cuales 839.000 corresponden a Brasil, 226.000 a Argentina, 71.700 a Paraguay y 59.000 a Uruguay.
Los intereses detrás de los intereses
En Argentina, los límites estimados del Acuífero se ubican en las provincias de Chaco y Formosa, así como en Entre Ríos, curiosamente, todas regiones en las que empresas petroleras solicitaron permisos para la exploración, y eventual explotación de petróleo, pese a ser provincias en las que, estudios ya realizados con antelación, había demostrado lo remoto de esa posibilidad. Esto fue planteado por el portal Observatorio Petrolero Sur, y recogido por Los Lanzallamas.
Pero incluso, Bruzzone suma en su libro datos que demuestran que en la búsqueda de petróleo, décadas atrás, la empresa petrolera estatal argentina, ya se topó con el acuífero.
"Algunas características geológicas del Guaraní se conocen desde hace más de 50 años por las exploraciones de Petrobrás (Brasil), YPF (Argentina) y Pulipetrol". Y añade que: "ya en 1974 se publicó en Brasil el primer estudio hidrológico importante sobre la región".
El volumen estimado del Guaraní, siempre hasta donde se lo conoce y admite hoy, es de unos 55.000 kilómetros cúbicos, lo que implica tener en cuenta que cada uno de esos kilómetros cúbicos se traduce por un billón de litros de agua.
Bruzzone repasa, en su trabajo, el interés creciente de los organismos internacionales por estudiar el Acuífero Guaraní, y ubica a dos actores principales: por un lado, el Banco Mundial, que financió los estudios que realizaron universidad de los cuatro países que comparten la cuenca, y que además impulsó, como en el caso argentino, reformas a la Ley de Minería durante la década neoliberal e los '90, para que el agua pudiera convertirse en recurso disponible para esa actividad. Eso le habría la puerta a la posibilidad de que la distribución del agua fuera comercializable, ubicándola en la calificación de mercancía, en lugar de la de derecho humano inalienable.
Como parte de esa avanzada, no se privatizó el servicio en Argentina durante los años '90, situación sobre la que se dio marcha atrás con la administración de Néstor Kirchner. En la región de la Amazonia brasileña hay empresas que extraen el recurso con fines comerciales, y la empresa petrolera Shell llegó con una propuesta similar al gobierno de la provincia Argentina de Misiones en tiempos recientes.
Pro el otro gran actor en materia de interés sobre el reservorio es la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), que a pedido del Banco Mundial realizó "estudios isotópicos de las aguas del Acuífero", reseña Bruzzone.
El interés del organismo encargado de regular que los desarrollos nucleares se den, aún con fines pacíficos, sólo donde a los países militar y económicamente más desarrollados les interesa, se preocupa de las reservas subterráneas de agua, no sólo en América, sino en todo el mundo.
Y ese interés no se funda en la mirada filantrópica de la organización o sus dirigentes, sino en el hecho de que las aguas subterráneas contienen frecuentemente elementos minerales, químicos y otros productos que son de absoluta relevancia estratégica y militar para las potencias, justamente, militarmente más poderosas.
Todos los caminos parecen conducir, así, al mismo punto.
Fuente Las Guerras del Agua, Elsa Bruzzone. Editorial Capital Intelectual (2009)

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