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martes, 25 de octubre de 2011

Como vidente se muere de hambre: Todo lo que predijo Luis Majul sobre 2011 y... ¡cosa rara!... no se cumplió

“Quién será el próximo presidente” es el título de la columna de opinión que publicó el diario La Nación, el 3 de febrero último, firmada por Luis Majul.

No vale la pena comentarla por anticipado, porque en sí misma encierra todo el encanto de que es posible. Basta con leerla (eso sí, sentado), y sólo preguntarse una cosa:

¿Cómo La Nación se anima a ponerle al final del artículo su “©”, es decir, su “copyright”, o derecho sobre la nota, que no puede ser copiada, sin que se mencione la fuente.

Aquí el link de la nota.

Aquí la nota, tal y como fue publicada:

La presidenta Cristina Kirchner ganaría la primera vuelta, pero perdería la segunda. El próximo presidente podría ser Mauricio Macri, con el apoyo de Francisco de Narváez y Eduardo Duhalde, porque hay un principio de acuerdo para concretar una sociedad política. Daniel Scioli iría por la reelección en la provincia porque jamás se atrevería a romper con la viuda. Ricardo Alfonsín triunfaría en la interna frente a Ernesto Sanz, pero terminaría tercero en la general porque expresaría una versión más honesta del kirchnerismo. Pino Solanas haría una excelente campaña y les quitaría votos tanto a la Presidenta como al radical. Gabriela Michetti sería la candidata a jefa de gobierno de la ciudad y obtendría más votos en primera vuelta, pero debería esmerarse mucho para ganar en el ballottage, frente a Daniel Filmus o Solanas, si al final el cineasta decide postularse en ese distrito.

Estas son algunas de las conclusiones parciales sobre las próximas elecciones presidenciales de octubre obtenidas en enero, después de hablar, entre la arena y el cemento, con diversas fuentes: dos ministros que apoyan la candidatura de la Presidenta, un funcionario cercano al gobernador Scioli, un radical que trabaja para Alfonsín y otro para Sanz, personas muy cercanas a Macri, De Narváez y Duhalde y dos encuestadores que no trabajan para el Gobierno.

Cada una de las afirmaciones merece una explicación. Hoy, Cristina Kirchner tiene un poco más del 30 por ciento de intención de voto. Uno de los encuestadores le otorga hasta el 35 por ciento. El mismo profesional asegura que detrás de ella se ubica Alfonsín y enseguida Macri, ambos con un poco menos del 20 por ciento. El otro encuestador sostiene que Macri supera por muy poco al hijo del ex presidente y que hacia fin de año quedó posicionado como la mejor alternativa contra el oficialismo.

La muerte de Néstor Kirchner hizo subir la intención de voto de su esposa hacia un techo que, hasta noviembre pasado, perforaba los 40 puntos. Aquel impulso hizo pensar a propios y extraños que ella podría ganar en primera vuelta. Pero desde ese momento viene cayendo y sus decisiones sobre los sucesos de Villa Soldati le hicieron perder buena parte del apoyo de la clase media. Ambos encuestadores vaticinan que la curva seguiría en descenso, lento pero continuo, por el desgaste en el ejercicio del poder.

El ministro cristinista piensa que la mayoría de la gente va a volver a elegir a la Presidenta porque el consumo no se detiene y los recursos que van a gastar en la campaña harán cambiar de parecer a muchos indecisos. Es decir que al núcleo duro del 25% de votos kirchneristas se le van a sumar por lo menos otros 15 para imponer a la jefa del Estado en primera vuelta. "¿Y Scoli?", le pregunté. "Daniel sólo irá por la Presidencia si Cristina se lo pide. Y ella no se lo va a pedir nunca", aseguró.

Un fuerte candidato de la oposición coincide en parte. Acepta que el kirchnerismo posee un núcleo duro del 25 por ciento. Pero asegura que los que jamás votarían a Cristina representan por lo menos la misma cifra y que la porción por conquistar está en el 50 por ciento del electorado no politizado. Es decir: personas que todavía no piensan en las elecciones de octubre porque están de vacaciones, o a punto de empezarlas o de regreso al trabajo y el estudio, después de unos días de descanso.

Para argumentar que para las presidenciales falta una eternidad, el dirigente recordó que en marzo de 2009 el candidato Kirchner tenía una intención de voto del 25 por ciento y que De Narváez apenas arañaba el 15 por ciento. "Tres meses después, el Colorado le ganó a Néstor con un poco más del 30 por ciento de los votos." Para él, la pelea entre la continuidad y el cambio se debería definir, por lógica, a favor del segundo concepto. "Y en la Argentina ninguna fuerza política puede gobernar dos períodos seguidos. Siempre la sensación de hartazgo le ganará al mejor candidato", concluyó.

Pero la pregunta clave es: ¿quién se erigirá como el representante del cambio, lo nuevo o lo distinto? El Gobierno eligió a Macri como su principal adversario porque cree que así polarizará el electorado y ganará las elecciones. Y el jefe de gobierno de la ciudad está seguro de que será candidato a presidente y que De Narváez y Duhalde terminarán apoyando su movida como la única forma de asegurarse que el kirchnerismo no continúe en el poder.

¿Cuáles son las verdaderas posibilidades de Alfonsín? En la Unión Cívica Radical casi nadie duda de que le ganará las internas a Sanz y que eso afectará mucho las expectativas de Cobos. Lo que ponen en duda dentro y fuera del partido es que el diputado nacional sea percibido como la figura capaz de gobernar la Argentina con mano firme frente a factores de poder como Hugo Moyano o dirigentes sociales como Luis D'Elía. En todo caso, Solanas y Carrió van a buscar los mismos votos que persigue Alfonsín. Y una parte de ese electorado es también el que Cristina Kirchner aspira a seducir para hacer la diferencia.

Si la Presidenta tocó su pico de intención de voto después de la muerte de su marido y los líderes de la oposición irán subiendo en las encuestas a medida que se acerque la fecha de la elección, la gran incógnita será en qué momento se cruzarán las curvas.

Igual, en la Argentina, ocho meses equivalen a más de una vida. Y puede pasar de todo: desde que la Presidenta no se presente por razones personales o porque tema perder la elección hasta que un imponderable como la muerte de un militante termine por colocar todo patas para arriba.

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