Los líderes de las 20 economías más poderosas del planeta abrieron en Seúl una cumbre, destinada a corregir los desequilibrios cambiarios que afectan al comercio mundial, con un tenso debate por las políticas monetarias de Estados Unidos y China.
La quinta cumbre de potencias industrializadas y emergentes se abrió con una cena oficial ofrecida por el presidente surcoreano Lee Myung-bak en el Museo Nacional de Corea del Sur, y concluirá mañana por la tarde.
La polémica por la "guerra de divisas", que implica en principio a los Estados Unidos y China por la infravaloración del yuan, ha acentuado las diferencias entre los miembros del grupo, que está lejos de la cohesión exhibida en su primera cumbre de 2008 en Washington, en el apogeo de la crisis financiera mundial.
Convertido en uno de los voceros de los países emergentes, que han quedado atrapados en esta pelea, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva advirtió en Seúl que las naciones industrializadas deben fomentar su consumo interno, ya que en caso contrario "el mundo va a la quiebra".
"Si ellos (los países desarrollados) no consumen, y se quiere apostar solo a las exportaciones (como mecanismo para salir de la crisis), el mundo va a la quiebra", dijo Lula, señalando que el comercio mundial depende directamente del consumo en las naciones industrializadas.
El debate sobre las intervenciones para depreciar las monedas e impulsar las exportaciones propias se tensó más tras la decisión la semana pasada de la Reserva Federal, el banco central estadounidense, de inyectar 600.000 millones de dólares en el circuito financiero.
Este anuncio despertó fuertes críticas de China, Alemania y Brasil porque debilita la cotización del dólar. Tanto el presidente Barack Obama a su llegada a Seúl, como su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, defendieron que los Estados Unidos adopte medidas para alentar el consumo interno en una economía que no logra crear empleos.
"Una recuperación fuerte que crea puestos de trabajo, ingresos y consumo es la contribución más importante que Estados Unidos puede hacer para la reactivación global", expresó Obama en una carta a sus pares del G-20.
En medio de las evidentes divergencias sino-norteamericanas, el presidente chino Hu Jintao prometió a Obama incrementar el diálogo y la cooperación con los Estados Unidos, luego de un encuentro bilateral.
"China está dispuesta a trabajar con los Estados Unidos para mejorar el diálogo, los intercambios y la cooperación de manera que la relación sino-norteamericano avance", declaró Hu.
Los países latinoamericanos del grupo (Brasil, Argentina y México) han insistido en que el G-20 alcance acuerdos para evitar devaluaciones con fines competitivos que puedan alentar el proteccionismo y alimentar una "guerra de divisas" en el mundo.
De InfoBae, Argentina
La quinta cumbre de potencias industrializadas y emergentes se abrió con una cena oficial ofrecida por el presidente surcoreano Lee Myung-bak en el Museo Nacional de Corea del Sur, y concluirá mañana por la tarde.
La polémica por la "guerra de divisas", que implica en principio a los Estados Unidos y China por la infravaloración del yuan, ha acentuado las diferencias entre los miembros del grupo, que está lejos de la cohesión exhibida en su primera cumbre de 2008 en Washington, en el apogeo de la crisis financiera mundial.
Convertido en uno de los voceros de los países emergentes, que han quedado atrapados en esta pelea, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva advirtió en Seúl que las naciones industrializadas deben fomentar su consumo interno, ya que en caso contrario "el mundo va a la quiebra".
"Si ellos (los países desarrollados) no consumen, y se quiere apostar solo a las exportaciones (como mecanismo para salir de la crisis), el mundo va a la quiebra", dijo Lula, señalando que el comercio mundial depende directamente del consumo en las naciones industrializadas.
El debate sobre las intervenciones para depreciar las monedas e impulsar las exportaciones propias se tensó más tras la decisión la semana pasada de la Reserva Federal, el banco central estadounidense, de inyectar 600.000 millones de dólares en el circuito financiero.
Este anuncio despertó fuertes críticas de China, Alemania y Brasil porque debilita la cotización del dólar. Tanto el presidente Barack Obama a su llegada a Seúl, como su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, defendieron que los Estados Unidos adopte medidas para alentar el consumo interno en una economía que no logra crear empleos.
"Una recuperación fuerte que crea puestos de trabajo, ingresos y consumo es la contribución más importante que Estados Unidos puede hacer para la reactivación global", expresó Obama en una carta a sus pares del G-20.
En medio de las evidentes divergencias sino-norteamericanas, el presidente chino Hu Jintao prometió a Obama incrementar el diálogo y la cooperación con los Estados Unidos, luego de un encuentro bilateral.
"China está dispuesta a trabajar con los Estados Unidos para mejorar el diálogo, los intercambios y la cooperación de manera que la relación sino-norteamericano avance", declaró Hu.
Los países latinoamericanos del grupo (Brasil, Argentina y México) han insistido en que el G-20 alcance acuerdos para evitar devaluaciones con fines competitivos que puedan alentar el proteccionismo y alimentar una "guerra de divisas" en el mundo.
De InfoBae, Argentina

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