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domingo, 9 de enero de 2011

Tensión en Corea: ¿una forma de frenar el crecimiento chino?


(Por Diego Ghersi*) La escalada bélica en la península de Corea que cierra el año 2010 sólo puede entenderse como una maniobra previa a un posible conflicto directo para marcar límites al crecimiento de China. Como en los tiempos en que Dwight Eisenhower prometió ir a Corea para terminar con la guerra de 1950-1953, Estados Unidos hoy se apresta a regresar, pero para reiniciarla.
Esta explicación sencilla es precisamente por su simplicidad la que más se ajusta para entender la escalada en la tensión de esa parte del mundo.
La razón fundamental que sustenta la hipótesis radica en el hecho de que China se ha convertido en un verdadero competidor de fuste para la hegemonía solitaria que Washington pretende imponer al mundo desde su fundación.
En efecto, durante las últimas décadas, Beijing protagonizó un crecimiento económico arrasador que impulsó al país a disputar mercados más allá de sus fronteras, cuestión que compite directamente con la antes cuasi solitaria presencia de Estados Unidos.
Este avance que puede observarse nítidamente en África y en Sudamérica cuenta además con otro ingrediente que enfurece a las naciones occidentales: está impulsado desde un tipo de cambio que favorece al yuan frente al dólar y en condiciones de producción internas que, por ser inaplicables en los países occidentales, otorgan ventajas a la hora de evaluar los costos.
Dado que, como era previsible, China es renuente a dar curso a los pedidos occidentales de revertir ambas cuestiones, es de intuir que, a la larga, se evalúe la acción directa como método alternativo de convencimiento.
Es importante señalar que la expansión económica de China se ha efectuado en el tiempo en base a la proverbial paciencia que le es atribuida a ese milenario país y con acciones en las que es extraño encontrar episodios de violencia. Dicho de otra manera, no es posible identificar a China con invasiones del estilo Grenada; Panamá; Irak; Afganistán, tantas más. Tampoco con amenazas de marcado tono hostil.
En las últimas décadas, China no se mostró como un país depredador sino más bien como un excelente comerciante. Tan bueno es en esa esfera que no necesitó de agresiones o de amenazas para conseguir inteligentemente los objetivos estratégicos que se plantea.
Así, los logros alcanzados por China son percibidos en Estados Unidos como una amenaza porque imponen un freno a la histórica política expansionista de Washington que, por otra parte, no ha dudado en utilizar la violencia cada vez que lo consideró necesario.
Frente a este panorama, es comprensible que desde Washington se conciba como alternativa estratégica un escenario mediato de confrontación directa con el gigante asiático cuyo único interrogante radica en la fecha de ejecución.
Pero para emprender cualquier acción directa que se precie de eficaz es necesario antes ocupar posiciones relativas favorables y, frente al "enemigo" chino, esa maniobra estratégica podría bien llamarse "el cerco de China".
En este escenario, Corea del Norte hace las veces de "estado tapón" dado que impide que China tenga fronteras de contacto con Corea del Sur, aliado estrecho de Estados Unidos, al punto de que Washington posee allí 28 mil soldados y algunas armas nucleares. Es comprensible que China no quiera tener vecinos tan indeseables.
El cerco se completa al este con Japón y más al sur con Taiwán y Filipinas, y al oeste, Pakistán y Afganistán constituyen otro frente.
A pesar de lo anterior, la prensa hegemónica y los especialistas de todo el mundo se empeñan en análisis que se fundan en hechos de origen dudoso.
En ese sentido, se presentó el primer incidente bélico del año entre ambas Coreas –el hundimiento de la corbeta surcoreana Cheonan- como un ejemplo del belicismo de Corea del Norte, de su estrategia permanente de "Mad Dog". Hay en esta explicación por lo menos dos cosas objetables.
En primer lugar podría decirse que dada la fragilidad de la situación puede entenderse que Corea del Norte conciba como provocación la realización de un ejercicio naval en aguas que, por lo menos, tienen status de litigiosas. Si la cuestión era tan obvia… ¿cuál es la intención de agitar el avispero y después salir a quejarse al mundo porque las avispas pican?
Corea del Sur, como han señalado algunos especialistas en estrategia militar, sabe perfectamente que Corea del Norte es particularmente sensible a los ejercicios militares en sus zonas limítrofes, y que su esquema de percepción de amenazas los registra como el preludio de un ataque, o una puesta a prueba de su voluntad de respuesta. Por lo tanto, no podía Seúl sorprenderse por el hundimiento sino que, hay que creer, que en realidad esa era la respuesta buscada.
En segundo lugar, el incidente del Cheonan nunca fue aclarado. La cuestión es interesante porque existe la sospecha de que pudo ser una maniobra de Estados Unidos para elevar la temperatura de la relación bilateral. Esta posición fue sostenida por Fidel Castro en sus reflexiones y tiene antecedentes históricos emblemáticos.
Las mismas consideraciones podrían hacerse del posterior intercambio de munición de artillería en la isla limítrofe de Yeonpyeong.
El incidente, fue informado por la prensa hegemónica como una "injustificable agresión" obra de un régimen norcoreano "imprevisible" ; "delirante", "caprichoso"; "agresivo" y "fuera de control".
Sin embargo, después de unas horas, pudo saberse que en realidad los disparos de artillería norcoreanos, que provocaron la muerte de dos soldados del Sur y al menos cuatro civiles que vivían en la isla, respondieron a masivos ejercicios militares llevados a cabo por fuerzas de Corea del Sur al borde de una zona en litigio entre los dos países y dónde más de 70 mil soldados del ejército, la marina y la fuerza aérea surcoreana, lanzaron disparos y misiles en dirección al Norte.

El rol de los medios
La pelea mediática dirigida desde los medios hegemónicos de todo el mundo para instalar el sentido común de que Corea del Norte debe ser borrada del mapa tiene al menos tres ejes.
El primero se centra en que Corea del Norte utiliza la estrategia de Mad Dog para obtener prebendas económicas y subsidios internacionales a cambio de no utilizar la violencia nuclear.
Sin embargo, Corea del Norte puede siempre obtener lo necesario de China. Las seguridades pondrían explicarse no tanto como derivadas de la mentada "solidaridad socialista" sino, más bien, del hecho que a China le conviene conservar a Corea del Norte con el status de Estado Tapón y libre de acciones bélicas.
Si dicho status garantiza la seguridad de Beijing, es aceptable que China pague algo por su mantenimiento dado que siempre será más barato que una guerra en su portón trasero.
El segundo eje intenta explicar que, como en Corea del Norte es inminente una transición en el poder -Kim Jong-il abdicaría en favor de su hijo menor y heredero, Kim Jong-un, de 27 años-, sería por tanto necesario una demostración de fuerza –hacia adentro y hacia fuera- que anule la idea de "vacío de poder".
Sin embargo, las cosas en Corea del Norte parecen estar bien acomodadas para las clases dominantes independientemente de quién ocupe el máximo poder y la idea de una revolución popular salida de un pueblo no preparado para ello es sencillamente remota. ¿Para qué entonces sería necesaria una demostración de fuerza de peligro nuclear?
El tercer eje de explicación utilizado por la prensa hegemónica es sin duda el más novedoso -también el más ingenioso- y tiene vinculación directa con el "affaire Wikileaks".
Al parecer, algunos de los ex secretos cables de la diplomacia estadounidense explicarían la versión de que China estaría cansada ya de la incontrolable conducta de Corea del Norte y estaría dispuesta a permitir que Estados Unidos implemente una solución al problema reconociendo así las limitaciones de Beijing para solucionar el tema. Por otra parte la versión hace hincapié en que China priorizaría los negocios con Estados Unidos y Corea del Sur a sostener el régimen de Corea del Norte.
Esta idea llega al punto de señalar las relaciones entre Washington, Seúl y Beijing como de "sociedad económica estratégica" cuando, en realidad, desde hace años es notoria la activa –y no siempre leal- competencia entre los tres países.
En ese sentido el diario español "El País" dio a conocer el cable 249870 en el que el viceministro de Exteriores surcoreano, Chun Yung-woo, habría explicado -en febrero de 2010- la estrategia china a la embajadora de Estados Unidos en Seúl: Pekín se sentiría cómodo con una Corea unificada controlada por Seúl, anclada a Estados Unidos en una "benigna alianza" y siempre que esa nueva Corea no fuese hostil a China. Es difícil creer tanta ingenuidad en la política exterior de la República Popular porque supone pensar que China toleraría una guerra nuclear a metros de su territorio. Siempre será más barato sostener a Corea del Norte.
Otro actor preocupado por el problema coreano es Rusia, socio de China y rival de Estados Unidos, que tampoco estaría dispuesto a tolerar una reedición de la guerra en Corea.
Desde Estados Unidos parecería que lo que menos necesita la Casa Blanca es la perspectiva de un conflicto bélico en la península coreana, en momentos en que la administración Obama trata de mantener el control de la guerra en Afganistán, solucionar los problemas interminables en Irak, y afrontar el involucramiento en operaciones encubiertas en Yemen y Sudán. Todo eso sin mencionar que Obama acaba de recibir una paliza electoral.
Además, recientes encuestas señalan una oposición del 56 por ciento a una acción militar unilateral de Washington para castigar a Corea del Norte, o, lo que es visto como sinónimo, no hay aprobación popular para una nueva Guerra de Corea.
En este contexto, la decisión de enviar al portaaviones George Washington y su grupo de naves de ataque a la península Coreana, en claro apoyo a Seúl, debe entenderse como algo que trasciende a la actual administración y que apunta a consolidar una posición favorable de ataque cuyo momento de ejecución, si bien incierto, cae dentro de lo mediato, teniendo en cuenta que la lucha por el poder en Estados Unidos apunta hoy a un próximo regreso conservador tradicionalmente más beligerante.
En una entrevista reciente concedida al portal "Rebelión", Alejandro Cao de Benós, delegado especial del Comité de Relaciones Culturales con el Extranjero de la República Popular Democrática de Corea, pintaba un escenario posible, a corto plazo, en la península coreana.
Frente a la próxima reanudación de los ejercicios militares a 10 km de la frontera, el funcionario sostuvo que si se vuelve a disparar contra territorio norcoreano Pyongyang responderá anulando navíos de guerra surcoreanos o estadounidenses y eso implicará que Washington tendrá excusa para lanzar una campaña contra Corea del Norte. Si esa situación efectivamente se verifica, es decir, si se verifica el restablecimiento del estado de guerra real, el funcionario sostuvo como probable un ataque con misiles intercontinentales hacia el territorio de Estados Unidos.
Así de peligrosa está la cuestión.

*De Agencia Periodística del Mercosur (www.prensamercosur.com.ar)
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