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viernes, 13 de mayo de 2011

Honduras: asesinan periodistas


(*) Mientras en la “democrática” Honduras el ejercicio del periodismo se ha constituido en una profesión de alto riesgo de muerte y desde la asunción del presidente Porfirio Lobo once periodistas han sido asesinados, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) —ente que aglutina a los propietarios de los medios de comunicación, y dizque defiende la libertad de prensa— guarda un desvergonzado como cómplice silencio.

El reportero Héctor Francisco Medina Polanco fue asesinado la noche del pasado martes en el municipio de Morazán. Se trata del onceavo periodista muerto durante el mandato de Lobo, quien asumiera la Presidencia de la República —en elecciones fraudulentas— en noviembre de 2009, tras el golpe de Estado, con la complicidad de Estados Unidos, que derrocó al presidente constitucional Manuel Zelaya el 28 de junio de ese año.

Según el diario hondureño El Heraldo, dos sicarios a bordo de una motocicleta le dispararon en el tórax y en el brazo a la salida del canal Omega Visión, donde Medina Polanco trabajaba como director del noticiero; fue trasladado de inmediato al hospital Mario Catarino Rivas, donde, por la gravedad de sus heridas, falleció.

No obstante, ¿por qué fue asesinado? Había denunciado presuntos actos de corrupción de la Alcaldía de Morazán y acciones irregulares de los terratenientes y ganaderos de la región en un litigio por tierras. Por ello recibió amenazas de muerte, pero las autoridades hondureñas no se hicieron eco de la denuncia que hizo.

El asesinato se produjo a las 19.30 del martes 10 de mayo, cuando salía del noticiero de Omega Visión y el alcalde de Morazán, el municipio que Medina Polanco investigaba, dijo que mantenía una “excelente relación” con el trabajador de prensa. Mauricio Handal dijo que le extrañaba sobremanera el “señalamiento” a la municipalidad que dirige, y que él había ayudado a la familia de Medina Polanco a trasladar el cuerpo sin vida del periodista desde Morazán a la ciudad de El Progreso.

Por su parte, el vicepresidente del Colegio de Periodistas de Honduras (CPH), José Santos Gálvez, pidió justicia. “Lo que queremos es que este tipo de hechos no queden en la impunidad”, declaró visiblemente acongojado. “A pesar de esas denuncias que había hecho y de la queja que se había presentado ante las autoridades, no se hizo nada y finalmente terminaron con la vida del compañero Medina”, concluyó Santos Gálvez.

Ya en mayo de 2010, a seis meses del gobierno de Porfirio Lobo, ocho periodistas habían sido asesinados. Thelma Mejía, columnista de El Proceso, periodista y escritora, advirtió entonces sobre el sistemático proceso de eliminación física de periodistas por el delito de ejercer la libertad de expresión. “Nunca habíamos tenido tantos crímenes contra colegas. Mis compañeros están atemorizados. Este país no necesita mártires, necesita periodistas sin miedo”, señaló. Y cuanta razón contenían sus palabras, porque Honduras, luego del golpe contra Zelaya, es un lugar inseguro para el ejercicio del periodismo al servicio de la verdad.

El nombre de Medina Polanco se unió a la macabra lista de los siguientes periodistas hondureños asesinados: Luis Arturo Mondragón, Nicolás Asfura, Joseph Ochoa, David Meza, Nahún Palacios, Bayardo Mairena, Manuel Juárez, Luis Chévez y Georgino Orellana. Además a la presentadora del programa “El ángel de la controversia”, Carol Cabrera, quien corrió mejor suerte resultando herida por tres disparos.

Pero más allá de insípidos pronunciamientos —presionada por el asesinato de periodistas hondureños que en vida asumieron como principio la defensa de la libertad de expresión—, la SIP calla, mientras pone todo su esfuerzo en defender a monopolios y oligopolios mediáticos que atentan contra un principio básico de la democracia.

Desde el golpe de Roberto Micheletti y durante el gobierno de Lobo, muchos periodistas trabajan amenazados de muerte en Honduras.

Héctor Francisco Medina había denunciado presuntos actos de corrupción de la Alcaldía de Morazán y de terratenientes y ganaderos de la región. Recibió amenazas de muerte, las que finalmente se cumplieron.

(*) Nota editorial de la edición del 13 de mayo de 2011 del diario Cambio, Bolivia (www.cambio.bo)

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